jueves, 28 de agosto de 2014

Dime lo que NO quieras ¿Lo harías por mi?

Dime que te dé tiempo, cuando para mí el tiempo es sufrimiento.
Dime que valoras mi amistad, cuando lo único que puedo darte es amor.
Dime que te entienda, cuando no quiero otra cosa que entenderte.
Dime que te sientes descolocada, cuando me he colocado en un lugar del cual no puedo volver.
Dime que me quieres, cuando no me canso de oírlo.
Dime “mi amor”, cuando no puedo tenerte.
Dime que soy grande, cuando no quiero otra cosa que ser tu pequeño.
Dime que ya no eres la misma de antes de conocerme, cuando no quiero que vuelvas a ser la misma.
Dime que no quieres hacer sufrir a nadie, cuando el que sufre soy yo.
Dime “cariño mío”, cuando no quiero otra cosa que ser tuyo.
Dime que eres sincera, cuando no lo dudaría jamás.
Dime que tenemos una conexión inexplicable, cuando estoy obligado a desconectar.
Dime que es lo mejor para los dos, cuando sólo me importa que sea lo mejor para ti.
Dime que estas enamorada de mi, cuando te tengo que decir “hasta luego” o “adiós”.
Dime que no puedes dejar de pensar en mí, cuando sé que lo intentas a cada minuto.
Dime que siga buscando el amor, cuando ya lo he encontrado.
Dime que es maravilloso que esté a tu lado, cuando te tengo a miles de kilómetros.
Dime que te pierdes en mis ojos, cuando sólo a ti puedo mirarte de esa manera.
Dime que necesitas canalizar lo que sientes, cuando espero que tu corazón no se distraiga por momentos y te olvides de mí.
Dime que quieres aprender a mi lado, cuando no tengo la oportunidad de enseñarte.
Dime que no pierda la esperanza, cuando no sé lo que es darse por vencido.
Dime que no piense en ti, cuando para mi es imposible.
Dime que no me sienta sólo, cuando sin ti lo único que siento es soledad.
Dime que si oyes mi voz se te eriza la piel, cuando no soy yo quien te habla sino mi alma.
Dime que el universo confabula para que estemos juntos, cuando para mi tú eres mi universo.
Dime que seguramente habrá una enseñanza de todo esto, cuando lo único que aprendí es el significado del amor.
Dime que te espere, cuando no sé si volverás.

Dime lo que quieras, pero no me pidas que deje de quererte, porque eso no lo podré cumplir jamás.

“Si tú me dices ven lo dejo todo... pero dime ven”
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domingo, 24 de agosto de 2014

¿Pre programados para el AMOR?

En un mundo en donde el ajetreo diario no nos deja tiempo para nosotros, en donde tener la oportunidad de “sentir” parece un lujo; un mundo en el que los sentimientos, las emociones, las sensaciones, son síntomas de vulnerabilidad; un mundo en el que la gente crea barreras para sentirse a salvo porque cree que mostrarse vulnerable es un síntoma de debilidad, cuando en realidad toda persona que es capaz de mostrarse vulnerable lo que en realidad demuestra al mundo es su fortaleza, ya que está tan segura de su equilibrio emocional que no teme mostrarse tal y como es, sin miedo a que la juzguen; un mundo en donde las personas altruistas o con un alto sentido de humanidad son admiradas pero no imitadas; en un mundo en donde las personas que quieren simplemente crecer e iluminar otros caminos sin ambiciones materiales son vistas como “románticos” de la vida.

En ese mundo, también pasan cosas mágicas, inexplicables, encuentros o momentos que nos descolocan, que nos hacen plantearnos nuestra propia existencia, momentos en los que pareciera que el universo confabula de una manera que desde lo racional, en la mayoría de casos, no tiene sentido. Y casi sin darnos cuenta, allí nos encontramos, sintiendo una conexión con otra persona que no podemos explicar a nadie, y mucho menos a nosotros mismos. En este mundo nos han enseñado que esa “atracción” la debemos llamar “amor”. Pero inevitablemente, llegado el momento yo me pregunto: ¿Qué es el amor? ¿Qué es para ti el amor?

Muchos son los casos que creen conocer lo que es el amor, porque han tenido diferentes relaciones personales, y las sensaciones que han tenido al vivirlas han hecho que el concepto que tienen del “amor” sean justamente “esas sensaciones”. Pero lo curioso, que llegado el momento de encontrarse con esa persona que te descoloca, porque las sensaciones y emociones son como una montaña rusa, porque nunca has experimentado nada que se le aproxime en lo mas mínimo independientemente de tu edad, justamente en ese preciso instante, te das cuenta que supera cualquier concepto que puedas tener anteriormente del amor, y es cuando te replanteas el significado.

Por una parte tengo claro que para que una relación funcione, se tienen que dar como mínimo tres circunstancias: que te atraiga la forma de ser y personalidad de la otra persona, que te atraiga físicamente, y por último, pero no menos importante, que se encuentren en el mismo momento de la vida; no sirve una sola circunstancia si no se tiene el resto.

Releyendo el párrafo anterior, puede parecer muy básico el concepto, evidentemente hay muchísimos más matices, pero eso es lo que nos han enseñado de pequeños y por lo tanto estamos pre programados de esa manera. Aquí es donde se genera nuestro descoloque, ¿qué sucede cuando nos encontramos con esa persona que rompe todos nuestros esquemas? ¿Qué sucede cuando experimentamos emociones que se encuentran fuera de los conceptos del amor que tenemos pre programados?
Ese es justamente el momento mágico, en donde tenemos la sensación de que el universo coloca todas las fichas de una manera exacta para que todo encaje, no se puede explicar, no intenten hacerlo, porque querer explicarlo sería desde lo racional, y justamente el momento o el “encuentro” es de todo menos racional. En ese preciso instante te das cuenta que quieres pasar el resto de tu vida con la otra persona, pero sin condiciones, sin pedirle nada a cambio, simplemente “dando” amor. Todo encaja de una forma fuera de lo habitual, “anormal” podríamos decir si llamamos “normal” a lo que tenemos pre programado. Llega en el momento justo, sin avisar, en el momento en el que ya hemos aprendido a ser felices solos, así la compañía es una cuestión de elección y no de necesidad.

Un gran amigo, una vez me dijo: “Cuando hay una atracción, en muchos casos disminuye con el paso del tiempo por una cuestión natural, química mejor dicho, pero cuando hay “admiración” ya no hay vuelta atrás”.

No comprendes como se ha dado todo para que finalmente tu camino se cruce con el de la otra persona, la conexión entre ambos supera todas las barreras, la física y la espiritual, notas que vuestras almas se entienden a la perfección y que puedes ser tú mismo, sin miedos, independientemente de las circunstancias, las cuales en algunos casos creemos que son de una determinada manera para ponernos a prueba, para comprobar ese “amor”, pero el universo NO las puso allí como un obstáculo a superar ni para que sean una prueba de amor, está seguro que la conexión que hay supera toda circunstancia, las puso allí para hacernos crecer, individualmente.

“Harías cualquier cosa por esa persona. Cuando uno quiere de verdad a alguien está dispuesto a hacer lo que sea, no mide lo que recibe, sino que da, y cuando das haces feliz a la otra persona, y tú te sientes feliz por dar y ver que logras hacer feliz a la otra persona. Ésa es la clave. Si pones a la otra persona primero y te preocupas por satisfacer sus necesidades, sus aspiraciones, si de verdad te entregas, ocurren milagros. Una pareja nunca puede ir mejor como cuando los dos se comprometen a satisfacer las necesidades del otro”. Javier Iriondo en el libro “Un lugar llamado destino”.


Tal como dice mi amigo Javier en su libro, el secreto reside en “dar”, y una parte de esa conexión mágica que tenemos con la otra persona es darnos cuenta o sentir que lo único que queremos es “dar”, que nuestra pareja sea feliz, sin ninguna sensación de posesión, justamente todo lo contrario, el amor es “libertad”, es recorrer un camino juntos pero sintiéndose libres en todo momento, en donde los sueños se complementan, no se reemplazan, bailando juntos al son de la vida.

Llegados a este punto, tengo claro que ojalá todo el mundo pueda experimentar en algún momento de su vida, esa mágica conexión, esa sensación que está fuera de todo lo que tenemos pre programado, nos descoloca sí, pero para colocarnos en un lugar mejor, en un lugar en donde los sentimientos nos hacen crecer,  en un lugar de luz, en un lugar mágico que da más sentido a la vida, un lugar al que llegamos con un billete solo de ida, porque una vez que llegamos allí, nunca más volvemos a ser los mismos.

El hombre no puede bañarse dos veces en el mismo río, ya que la segunda vez ni el agua que trae el río ni el hombre son los mismos”.


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